Mentiras (y medias verdades) en la clase de Música

Notas pizarra

No son pocas las “mentiras” o “medias verdades” que se escuchan en clase de música… Algunas son debido a nuestro empeño en no complicar demasiado la vida a los alumnos en sus primeros años de aprendizaje (la Música es más compleja de lo que parece, y a veces para explicar una determinada cuestión se necesita explicar antes otras diez), pero hay otras que bajo mi punto de vista son imperdonables, mentiras que se van perpetuando y transmitiendo de una generación a otra y que parecen imposibles de eliminar.

Yo soy la primera que considero que no hay que complicarse la vida y que las cosas se van aprendiendo poco a poco, pero mis padres me enseñaron que no se debe mentir, y por eso, aunque al alumno a priori le dé igual cómo explique una cosa y en principio sólo vaya a asimilar la “media verdad” de lo explicado, al menos quiero quedarme con la conciencia tranquila de que en ningún momento he llegado a decir algo que no sea cierto.

Veamos alguna de ellas:

SOBRE LAS ALTURAS

  • Las siete notas de la Música… ¿o son doce? ¿o son infinitas?

Un clásico de la primera clase de música: “Para hacer música tenemos SIETE SONIDOS”. Como lo más básico que conoce todo el mundo, incluso niños muy pequeños (entre otras cosas gracias a “Sonrisas y Lágrimas”), son las siete notas de la escala de DO, los profes nos sentimos felices de enseñar algo que ya saben o les suena, y los alumnos más todavía (¡qué fácil es esto!). Esto en principio es genial, pero cuando avanzamos un poquito llega entonces el gran golpe: ah no ¡QUE SON DOCE! ¿Y eso? Resulta que hay cinco más que no habíamos contado, que pueden ser sostenidos o bemoles según se mire, y un Fa# es el mismo sonido que un Sol b, y un Do el mismo que un Si#… ¿ésas cuentan por dos?

Si contamos todas las teclas de un piano entre una nota y la siguiente del mismo nombre (sin preocuparnos de sus nombres), efectivamente nos salen doce. Pero en la cuerda o en el viento tenemos muchos más sonidos… Buff, ¡qué lío!

Y es que la auténtica verdad es que el número de sonidos es INFINITO. Un sonido es una frecuencia, un número, y por lo tanto hay tantos sonidos como números.

Y diréis ¿es que a ver quién se pone a hablar de frecuencias y de sonidos infinitos a niños de seis o siete años? Bueno… ¿no creéis que FLIPARÍAN si el primer día de clase les decimos que los sonidos son como el universo? ¿que tenemos tantos que jamás terminaríamos de cantar si quisiéramos hacerlos todos? Yo creo que sería muy interesante, al menos antes de meterles en la cárcel de Do Mayor y el resto de tonalidades mayores y menores durante casi toda su vida 😛

Una vez dicho esto entonces sí podemos decir: “pero, como hay que empezar por algún sitio, voy a enseñaros estos siete sonidos y sus nombres” (o “estos cinco sonidos” si empezamos por la escala pentatónica), y más tarde, cuando queramos enseñar las alteraciones u otras escalas, pues más sonidos que vayan aprendiendo. Aunque luego se acostumbren a utilizar casi siempre siete notas, al menos sabrán que hay muchas más desde el principio¹.

  • “El semitono es la distancia más pequeña que hay entre dos notas/sonidos”

Muy relacionado con la anterior… Aquí no debemos olvidar que para no mentir hay que añadir siempre una frase al final, pues entre dos notas hay infinitos sonidos, no existe una distancia mínima. Esta frase puede ser: “… entre dos notas de una escala diatónica” o si no se ha explicado lo que es una escala diatónica, simplemente añadir “…entre dos notas/teclas del piano”.

He leído algunas definiciones a este respecto en libros de teoría musical que dejan bastante que desear, tales como “el tono es la distancia más grande que hay entre dos notas seguidas”. ¿Qué son dos notas seguidas? Porque si se refiere a los nombres, de Mi a Fa# hay un tono, pero de Do a Re# hay tono y medio… luego la distancia entre dos notas seguidas puede ser más de un tono.

 

EL RITMO Y EL PULSO

Y pasamos a las cuestiones de ritmo… Lo primero que enseñamos es el pulso, un concepto importantísimo para medir el ritmo. En principio nos es sencillo explicarlo, esos golpes continuos y regulares que podemos relacionar con el pulso de nuestro corazón… hasta ahí todo bien.

RhythmEl problema viene cuando pasamos a explicar las figuras musicales, pues para que se entiendan bien lo más sencillo es decir que cada golpe del pulso es una negra, pero lo cierto es que el pulso no tiene por qué ser siempre de negra, puede ser de lo que queramos. Es lógico que empecemos por la negra, pues lo primero es entender cuánto dura cada figura en relación a una sola unidad, aprender a solfearlas con relación al pulso de negra y además, los primeros compases que se aprenden son los de denominador 4, cuyo pulso es de negra.

Sin embargo, yo cada vez estoy más convencida de que esta idea de la negra como unidad de pulso la deberíamos abandonar cuanto antes, quizás no en la explicación de las figuras musicales, pero sí cuando expliquemos los compases. Aunque en las primeras lecciones de solfeo y de instrumento los compases que usarán serán casi siempre 2/4, 3/4 y 4/4, no pasa nada por hacer alguna prueba en compás de 2/2, 3/2, 3/8 y que vean cómo el pulso cambia de figura según el compás.

Pero en todo caso, hay que evitar las siguientes mentiras o medias verdades:

  • “Una redonda vale cuatro pulsos”

“…de negra”. A veces olvidamos decir esto, precisamente porque se nos mete en la cabeza que el pulso es de negra siempre, pero como acabo de decir no es así, debemos especificarlo. El problema también viene porque solemos empezar explicando la redonda antes que la negra, y no tiene sentido decir cuatro pulsos de negra si aún no hemos explicado lo que es… por eso igual entonces es mejor empezar explicando la negra. No es fácil, lo sé, pero lo cierto es que esta afirmación sobre la redonda sería incompleta…

En realidad las figuras rítmicas se relacionan entre sí por medio de multiplicaciones y divisiones, y por tanto deberíamos explicarlas de esta forma (el típico cuadro donde la redonda se divide en dos, y las blancas en otras dos, etc.). La redonda dura cuatro negras, pero también dos blancas u ocho corcheas… ésta es la auténtica forma de ver las figuras, en relación con todas las demás y no con una sola.

En cualquier caso, como comentaba antes, es complejo explicarlo así si luego vamos a leer en 4/4… Cuando lean en compases con otros denominadores lo irán entendiendo mejor, pero al menos sí debemos pedir a nuestros alumnos que definan bien lo que vale una redonda. Este episodio lo he vivido varias veces en mis clases:

  • ¿Cuánto vale la redonda? 
  • Cuatro
  • ¿Cuatro qué?
  • ¿? Eeeh… pulsos
  • ¿Cuatro pulsos de qué?
  • De negra

Puede que no entiendan por qué insisto en esto… pero lo entenderán más adelante.

  • “El numerador de un compás indica el número de pulsos” 

Mucho cuidado con esto… Para mí la explicación de los compases, qué indica cada número y cómo funcionan, me parece fundamental para dejar claro que el pulso no es siempre de negra, como ya he comentado. PERO… no debemos olvidar que esta afirmación sólo se cumple en los compases simples, y aunque en principio no vayamos a explicar los compases compuestos hasta más adelante, no debemos contar verdades a medias. El numerador indica cuántas figuras hay por compás, ni más ni menos.

No es necesario explicar los compases compuestos al principio, pero cuando llegue el momento de aprenderlos (momento en el que las figuras rítmicas, el puntillo y los compases simples en teoría ya están más que asimilados) es bueno que antes de empezar pongamos ejemplos donde el pulso cambie de figura: “fijaos, en este compás el pulso es de blanca… en este otro de negra, en este de corchea… Pues bien, vamos a ver ahora compases donde el pulso es de blanca con puntillo, de negra con puntillo, etc.” Creo que es una buena forma de evitar que a primera vista un 6/8 sea para los alumnos “seis pulsos de corchea”, algo que ocurre muchas veces.

 

ARMONÍA

Probablemente sean las clases de armonía donde más metemos “la gamba” y donde hay, según mi punto de vista, más mentiras de las imperdonables…

  • “La tónica es la primera nota de la escala”/”La dominante es la quinta nota de la escala”

Mentira absoluta… Tónica, subdominante, dominante… son FUNCIONES ARMÓNICAS, y como tales, en ningún caso se refieren a una única nota, sino a un acorde. Lo mismo ocurre con los números romanos, los grados I, II, III, … Éstos son los nombres de los acordes, no de las notas.

Sobre este error, Emilio Molina tiene un artículo muy interesante que os recomiendo:
¿Cuál es la subdominante de Fa? (Emilio Molina)2

El único nombre de estas funciones (tónica, supertónica, mediante…) que sí es una nota y no un acorde es el de “sensible”, pero esto más que ayudarnos nos lleva hacia otro gran error:

  • “La sensible es la séptima nota de la escala”

La sensible, esta vez, es una nota y no un acorde… ¡bien! Pero su naturaleza es fundamentalmente armónica y por lo tanto no tiene mucho sentido relacionarla con su posición en la escala. Pero esto no es lo más grave: la sensible no siempre es la séptima nota de la escala, digamos que sólo en un 50% por ciento (en las escalas mayores, donde la 7ª y la sensible son la misma nota) y aún así yo no lo diría así, pues no es lo mismo cumplir la función de sensible que de séptima, aunque el sonido sea el mismo. Por tanto, hacer la diferenciación diciendo “en escalas mayores es sensible, en menores subtónica” tampoco me parece correcta.

Yo suelo explicar la sensible cuando hablamos de la función de dominante, y no antes. Pero cuando quiero explicarla antes o los alumnos son muy pequeños para empezar con Armonía, prefiero siempre decir que la sensible es la nota que está una 2ª menor antes de la primera nota de la escala. Y sin necesidad de explicar el acorde de dominante, con un mero ejemplo auditivo podemos mostrar esa tendencia de la sensible a resolver en la primera nota de la escala, y podemos decirles que “está tan cerca, le queda ya tan poquito para llegar que por eso necesitamos resolver” o cualquier otra cosa del estilo, para que entiendan que tiene un nombre especial porque auditivamente ocurre algo cuando la usamos.

Lo más importante es que no la relacionen con la séptima, que además, aunque a priori el nombre “séptima” está indicando una posición en la escala, todos sabemos la importancia que va a tener este intervalo en la Armonía y que además por norma no sólo no podrá subir hacia la primera nota, sino que tendrá que resolver bajando o quedarse en la misma posición. Imaginaos entonces el cacao si los alumnos piensan que es lo mismo que la sensible… Mejor enseñémosles todo lo que podamos, cuando más amplio mejor, y ya ellos decidirán qué olvidan y qué no.

  • “El quinto grado siempre es mayor” 

Hagamos un minuto de silencio por el V menor… Claro, si algunos dicen que la sensible es la séptima, luego encima te presentan la escala menor siempre con ella añadida como alteración accidental y afirman una y otra vez que el V es mayor… pues pasa lo que pasa, que luego un buen día nos aparece un V menor (que no menorizado) y es como: ¿y éste quién es?

Y es que si estamos en tonalidades menores, el V ES menor. Otra cosa es que se use poco (que habría que verlo), pero en principio es menor… y creo fundamental que el alumno entienda que una cosa son los grados que formamos con las notas de la escala, otra las funciones armónicas que estos pueden tener y, por último, que a veces para conseguir una determinada función hay que alterarlos, como es el caso del V menor, que para que sea una DOMINANTE (eso sí) hay que alterar su 3ª, y así obtendremos la sensible. Pero por muy importante que sea esta nota, en las tonalidades menores nunca dejará de ser una alteración accidental.

A veces creemos que porque una cosa se usa poco, es mejor no enseñarla. No sé, igual hay cosas que podemos olvidar (¿la clave de Fa en 3ª por ejemplo? :P), pero cuidado con tomar este tipo de decisiones, porque nunca sabemos hasta dónde van a llegar nuestros alumnos en su carrera musical, y todos sabemos que la música se complica con el tiempo o que a lo mejor en el estilo de música que estamos enseñando no se usa, pero sí en otros…

  • “Jamás uséis quintas paralelas” (… y otras prohibiciones irrefutables)

En este aspecto no hablo precisamente de mentiras o medias verdades, pero sí de esta práctica que muchos profesores tienen de enseñar las cosas sin explicar el por qué (algo que no sólo ocurre en la clase de Armonía) y ofrecer al alumno unas leyes cerradas que supuestamente son verdades absolutas y que simplemente tienen que acatar para ser unos grandes músicos.

Toda norma, concretamente a la hora de hacer un ejercicio de armonía, tiene su explicación. El alumno debe saber por qué no es bueno usar quintas paralelas… ¿cómo suenan? ¿qué tipo de música queremos hacer y por qué en esa música no tiene sentido usarlas? Porque puede que en un futuro busquen esa sonoridad y entonces sea más que justificado usarlas… Y eso con cualquier otra norma; debemos evitar también el famoso “es que suena mal”… ¿Qué es sonar mal? Pensemos en esto…

  • “La tonalidad, el único o mejor sistema musical”

No debemos enseñar la tonalidad como si fuera “EL” sistema. Vale que sea nuestro sistema occidental por excelencia, que llevemos siglos usándolo y aún hoy también, pero no debemos enseñarlo como si fuera el único o el más importante. ¿Que es imprescindible enseñarlo y que los alumnos lo conozcan y manejen bien? Por supuesto… pero deben entender que es un sistema más y saber definirlo.

Muy pocos libros definen la tonalidad como lo que es: un sistema basado en una determinada organización de los sonidos (una escala de siete sonidos y sus acordes por terceras); no se centran en el funcionamiento del mismo, el papel del acorde de tónica como centro y las relaciones del resto de acordes en torno al mismo, ni explican por qué los acordes son con terceras y no con cuartas. Se limitan a hablar de las tonalidades en plan: “mirad, así se hace la música”.

Antes de empezar con la tonalidad, podemos dedicar una clase a hablar de los diferentes sistemas, escuchar música compuesta en uno u otro sistema, músicas de otros continentes, etc. Que luego vayamos a trabajar mucho más detenidamente la tonalidad no implica que no deban conocer otros sistemas y entender que la tonalidad es uno más, quizás el que más nos caracteriza en la cultura occidental, pero no el mejor ni el más importante.

 

Nunca dejemos de enseñar la Música… escuchándola

No olvidemos que la teoría musical no es más que una ayuda para ordenar nuestros conocimientos y aprenderlos poco a poco, pero nunca debemos dejar que nos confunda o que nos haga ver sólo una parte de lo que es la Música. Y lo que es mucho más importante, nunca dejemos de escuchar… la Música se escucha, y muchas de las cosas que enseñamos se entiendenListening cuando las escuchamos (o las cantamos/tocamos, por supuesto).

Antes de enseñar una teoría, regla o sistema, parémonos a pensar el por qué de las cosas y cómo se traducen a la hora de escuchar. Si nos quedamos sólo en la teoría, entonces no entenderemos nada…

Me gustaría que compartierais vuestras impresiones sobre este artículo. Es posible que no estéis de acuerdo en alguna de las cosas que digo y me encantaría conocer vuestra opinión… Y por supuesto, toda “mentira” o “media verdad” que conozcáis y hayáis experimentado alguna vez en clase, ¡no dudéis en compartirla! Estaré encantada de conocerlas… 😉

 

 


 1. Si tenemos un público adulto, que entienda lo que son las frecuencias, considero además que es muy interesante explicarles que las doce notas son un convenio, lo que llamamos el “temperamento igual”, una división que se hizo de la octava tras muchos otros intentos, considerándose la mejor opción de división en partes iguales, pero que a pesar de ello no coincide con la afinación natural (importante este detalle, pues muchos hablan de que la música es pura matemática cuando ven esa “exactitud” aparente del temperamento igual, pero que en realidad no es nada exacto, sino que ha sido forzado para que lo parezca).

2. Música y Educación. Año XIII, 2, núm. 42, Junio 2000. Madrid.

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Un comentario en “Mentiras (y medias verdades) en la clase de Música

  1. Estoy muy de acuerdo contigo: hay que tener mucho cuidado en que un intento de simplificar las cosas no se caiga en decir algo que no es cierto.
    Siempre he pensado que esto es difícil, no tanto por la complejidad, sino por la falta de solidez que puede representar decir: “esto es así, pero también puede ser de otra manera, aunque hoy lo hacemos así y las otras formas ya veremos” (es arte, y por tanto es distinto a enseñar matemáticas, pero creo que los niños necesitan referencias sólidas). Pero por esto mismo me parece muy bien que propongas formas concretas de enseñar estas cosas que a veces pueden resultar un poco inciertas, y las soluciones me parecen muy acertadas.

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