Preparándonos para escuchar y ver la 9ª Sinfonía de Beethoven (V)

¡Hola a todos!

Por fin llegamos al cuarto y último movimiento, toda obra llega a su final… pero ¡qué final! Casi media hora dura este movimiento que podría ser una única obra en sí mismo. Como comentamos en el primer post, la Novena Sinfonía de Beethoven, y en concreto este movimiento, es conocida por todos como la del “Himno a la Alegría”, pues aquí es cuando el coro canta esta famosa melodía, con el texto de un poeta llamado Friedrich Schiller.

Al ser tan largo, este movimiento tiene una estructura algo compleja, pero iremos escuchándolo por partes y seguro que podréis captar todos los detalles:

En la introducción hay una llamada de atención del tutti orquestal (que después del tranquilo movimiento anterior sin duda despierta a más de uno) y después entran los cellos y contrabajos, que tendrán mucho protagonismo en esta primera parte:

Tras la breve introducción pasa algo muy curioso, y es que Beethoven hace un pequeño “repaso” de cada uno de los tres movimientos anteriores alternándose con las partes de cellos y contrabajos.

Escuchad bien: primero se escucha el principio del 1er movimiento (con las quintas descendentes) y vuelven cellos y contrabajos. Después, el viento madera toca un trozo muy breve del 2º movimiento y de nuevo, los cellos y contrabajos. Y por último, el 3er movimiento, seguido por última vez de cellos y contrabajos. Y una vez que se escuchan estos temas, entonces empieza a aparecer el Himno a la Alegría, aún no muy claro del todo, pero escuchad bien… pues se está anunciando:

Ahora sí, los cellos y contrabajos son los primeros en tocar el tema de la Alegría, y poco a poco se irán sumando más y más instrumentos haciendo esta bella melodía. Disfrutadlo, porque éste es uno de los mejores momentos de la sinfonía:

Y después de esto viene otro momentazo: ¡cuando el coro y los solistas se levantan! Veréis que es justo lo mismo que se escucha al principio, pero esta vez en vez de tocar los cellos y contrabajos empezarán a cantar los solistas. Los solistas son los cuatro cantantes que veis por delante del coro, que se llaman así porque hay momentos en los que cantan ellos solos. Son cuatro porque hay una cantante soprano (mujer de voz aguda), contralto (mujer de voz grave), un tenor (hombre de voz aguda) y un bajo (hombre de voz grave).

Aquí comienza la primera parte del poema de Schiller que dice algo así como “dejemos de cantar cantos tristes y cantemos cantos alegres” (podréis leer la traducción entera en el programa, por si os interesa, pero lo mejor es que disfrutéis de la música 😉 ).

Al final de este fragmento, primero solistas y después coro, vuelven a cantar el tema del Himno a la Alegría:

Y después de esta sección tan grandiosa, aparece de nuevo el tema de la Alegría pero esta vez de forma un tanto juguetona (atentos al contrafagot, no sé si habéis visto uno alguna vez y vale la pena observarlo). En esta parte el tenor tiene un solo y luego entra el coro con él:

Y después de este breve momento entra la orquesta de forma acelerada haciendo un crescendo cada vez más intenso, y el público creemos que va a desembocar en algo grandioso, pero de repente se para y las trompas se quedan haciendo una misma nota mientras no se sabe muy bien lo que va a ocurrir. Parece que va a empezar de nuevo el tema, pero sólo se hacen las tres primeras notas, varias veces… hay un momento como de incertidumbre, y de repente… ¡el tema principal con todo el coro y la orquesta! (si os he hablado de que había varios momentazos… ¡éste sin duda es el mejor!):

Pero aún queda sinfonía, esto no acaba aquí. Ahora viene una sección un poco más solemne y lenta en la que canta todo el coro:

Y enlazando con esto aparece de nuevo el tema de la Alegría, pero con otro ritmo:

Y por fin llegamos a la Coda, pero como ya os he comentado… Beethoven no suele hacer codas cortas 😛 Es más, en este movimiento yo diría que hay DOS codas.

La primera sería la “Coda de los solistas”, pues tienen bastante protagonismo, aunque también aparezca el coro, y es el último momento en el que cantan como solistas.

Y la segunda Coda ya sería la auténtica, pues es el típico final grandioso con toda la orquesta y todo el coro, como suelo decir yo: “dándolo todo” 😉

En fin, con gran emoción y la piel de gallina (como siempre se me pone cuando escucho este movimiento), me despido ya con este último post y deseo sinceramente que el sábado disfrutéis de esta magnífica obra.

Podría contaros mucho más, pero tampoco se trata de que uno tenga que ir a un concierto conociendo y entendiendo perfectamente la obra para poder disfrutarla, ¡nada más lejos! Esto tan sólo han sido unos pequeños apuntes y detalles que os pueden servir para enfocar la escucha en ciertos momentos, pero en realidad basta con dejarse llevar y escuchar lo que Beethoven quiso transmitirnos.

Y nada más, nos vemos el sábado y… ¡a pasarlo genial con la música de Beethoven!

 

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